viernes 22 de mayo de 2009

Sobre el mutismo de la letra H

Hebreos y homosexuales han declarado, fieles a sus costumbres, que se sienten discriminados por el mutismo de la letra H. "El que calla otorga, si la H no dice nada es porque lo que piensa no lo puede decir", sostienen.
Fragmento de Jelou Jilton, por la erradicación de la H,
de Ugo Ernández


Muchas veces se ha criticado desde No pidas pan a la Real Academia Española. No es algo que nos enorgullezca, mas es la realidad. Como casi todos los hispanohablantes, nos resignamos a cumplir sus arbitrarias reglas, muchas veces claramente incorrectas. Los lectores más fieles recordarán, no sin dejar escapar una sonrisa, la fundación de la Loldaf y demás cruzadas que NPP llevó a cabo contra la RAE.
Sin embargo, las máximas autoridades de dicha institución han preferido hacer oídos sordos a nuestros pedidos. No han respondido nuestros llamados, se han negado a venir desde España a buscar nuestro petitorio (está claro que no contamos con el presupuesto como para ir nosotros) y la paloma mensajera que enviáramos el año pasado no volvió más.
Pese a esto, no nos resignamos: hoy, una nueva denuncia en contra de la RAE.
La letra H ha sido siempre objeto de críticas de las más variadas. Desde la concepción misma del idioma español, ha sido marcada como una de las letras más polémicas de todo nuestro alfabeto. Ya en el año 4 a.C, Borges mismo se preguntaba "¿Para qué gastarnos en escribir una letra que nadie va a pronunciar? Yo no veo la razón..." Más allá del chiste sobre su ceguera, que preferimos ignorar, le reconocemos a Jorgito que estaba en lo cierto. "Si no se pronuncia, que no esté", declaró un indignado Juan Perón desde el balcón de la casa rosada aquel 17 de octubre. "Y por cada H que se escriba, tacharemos cinco efes mayúsculas" completó a los gritos, dejándose llevar por el clamor popular, que al grito de "Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, eso no es una letra es un invento de la RAÉ" expresaba su enojo.
Es bien sabido que la letra H sólo sirve en palabras como chinchulín, es decir, acompañada de una C que la anteceda. Este es, justamente, otro de los factores que desata la polémica en cuanto se nombra. Anteriormente, en el colegio se enseñaba la CH como una letra, la C como otra, y la H como otra. La insistente puja del sector más conservador del peronismo ha logrado que se destituya la CH por completo, sin dejar rastros de su existencia. Luego de la quema de abecedarios del 96, probablemente nuestra generación sea la última que recuerde este nefasto invento de la lingüística.
Ahora bien, erradicada la CH, ¿tiene sentido que siga existiendo la H como letra independiente? Las posiciones están divididas. Algunos sostienen que por el bien de palabras como Chewbacca se debe seguir luchando por los derechos de la letra en cuestión. Otros, quieren que se elimine por completo la letra y todas las palabras que dependan de su uso. Ante el problema que esto implicaría, ya que muchas cosas quedarían sin nombrar, responden que se puede aprovechar la situación para buscar nombres más originales a los objetos. "¿Cartuchera? ¿Qué es eso? Eliminemos la H, y renombrémosla" dice un lider del Frente por un mundo sin H (la FPUMSH).
En No pidas pan discrepamos con ambas posturas. Simplemente queremos que se elimine en los casos en que no se nombra, y que se cambie por una J en las palabras en las que suena como tal. Para no confundir a la gente, vio.
Lo dijo Borges, lo dijo Perón, lo dijo el ciego de bailando y lo decimos nosotros: RAE, eliminemos la H.

martes 17 de marzo de 2009

Vida, obra y remera preferida de Félix Medialuna

"Siempre creí que era argentino, pero cada vez que lo veía tenía un acento diferente. Me debe 20 pesos."
Marcelo Tinelli sobre Félix Medialuna

Félix Medialuna nació en la década del 50, no se sabe exactamente ni dónde ni cuándo. La comicidad de su apellido lo llevó a pasar los primeros años de su vida en medio de burlas y lluvias de medialunas de grasa. Su refugio fueron, como en la mayoría de estos casos, los libros. Aunque para la mayoría de los chicos este suele ser un buen escape, al pequeño Félix le acarrió varios problemas, ya que sus padres eran muy pobres y los libros que conseguía eran casi todos robados. Como no sabía leer, utilizó todas las obras robadas para construir un fuerte: de hecho, se refugió en los libros literalmente.
En 1963 fue condenado a 10 años de reformatorio por robo a manuscrito y privación ilegítima de la Odisea a una compañerita de primaria. Donde cualquier chico ve un infierno, él encontró el paraíso. Aprendió a leer y a escribir en imprenta y escapó de su padre, un adicto a los canelones de verdura en eterna recuperación.
Si bien presentó muchas facilidades para aprender a comunicarse por escrito, nunca superó sus problemas de comprensión lectora. Desde el primer momento entendió lo que quiso. Los profesores se divertían con Félix y gozaban con sus disparatadas interpretaciones. Cuando se cumplieron los 10 años de condena, hubo fiesta de despedida y un pedido a la justicia por parte de los dueños del instituto para que nunca regresara.
Ávido de conocimientos, Félix corrió a la universidad más cercana, que casualmente era la Universidad Ultracatólica Universal. La triple U. Para saber cómo le fue, basta saber que la primera respuesta al cuestionario de su examen de ingreso decía que la Biblia era la mayor comedia romántica jamás escrita.
Pese al fracaso, o debido al mismo, Félix decidió que continuar sus estudios por su cuenta sería lo mejor. Ocupó a la fuerza una oficina en pleno centro porteño y falsificó a la perfección el título de propiedad. Nunca lo pudieron sacar. Una vez instalado, se dedicó durante años a robar libros con un método que él mismo inventó, tan simple como eficaz, que consistía en ir a una librería, tomar el libro que deseaba adquirir y correr como el viento (de no ser posible, lo más rápido que sus piernas le permitiesen).
Medialuna llegó a nosotros como "el loco de la remera de los Ratones". Es que Félix se jactaba de tener la única remera existente de los Ratones Paranoicos y no se la sacaba nunca. Incluso hemos conseguido los testimonios de varios testigos que aseguran que se bañaba con la remera puesta y subía a la terraza a secarse al sol. Poco nos importó a nosotros, que decidimos sumarlo al proyecto No pidas pan sin pensarlo dos veces.
En un principio todo fue sobre ruedas, pero con el tiempo nos fuimos dando cuenta que Félix Medialuna era un personaje muy singular. Para empezar, se hacía llamar Licenciado o Doctor constantemente, cuando bien se sabe que no tiene ningún título en su haber. Cuando entramos en su despacho y lo encontramos con delirios de guerrilla fue el colmo. Supimos que Medialuna había tocado fondo. Decidimos internarlo en una institución psiquiátrica, aunque salió antes de lo esperado debido a que el director era el mismo que años atrás había dirigido el reformatorio al que Félix asistió de pequeño. El director no tenía muy buenos recuerdos de Medialuna ni muchas ganas de verlo de nuevo, por lo tanto una semana después estaba afuera. Desde entonces fue emo, entre otras cosas, y se hizo adicto a los canelones de verdura, al igual que su ya difunto padre.
Félix Medialuna se suicidó el 13 de marzo de 2009. Pesando 192 kilos a causa de tan insalubre vicio, se colgó de la viga del techo de su oficina. Ni la soga ni la viga resistieron el peso y cedieron, derrumbando todo el edificio. Medialuna murió, en vez de ahorcado, aplastado por los escombros.
En NPP siempre lo recordaremos con mucho cariño pese a su fama de delincuente y de loco, entre otras cosas, ya que dejó todos sus bienes a nuestro nombre.

martes 10 de marzo de 2009

Asesinar (primera parte): Laboratorios y balaceras

La pluralidad y la diversidad a la hora de definir el término asesinar están a la vista.

. Según la RAE: “Matar a alguien con premeditación, alevosía, etc.”
. Según la ROMY: “Hacerle caber unos re tiros a un cheto, por gato.”
. Según el BETO: “Volarle lo’ seso’ a la gente”.
La RAE, la ROMY y el BETO podrían pasar horas, e incluso más horas, discutiendo acerca de las diversas maneras de definir la palabra asesinato. Sería, sin dudas, un encuentro de los más jugosos.
Más allá de cuestiones de significado y de reuniones impracticables, a los miembros de No pidas pan siempre nos ha sorprendido la abrumadora cantidad de homicidios que ocurren diariamente a nivel mundial, por lo cual decidimos hacer una serie de investigaciones y estudios experimentales al mejor estilo National Geographic (o NatGeo para los que están en la pomada).
El más notable de nuestros estudios fue el llamado Cuadruple nueve (nueve hombres, nueve horas, nueve balas, nueve milímetros) y consistió en encerrar a nueve voluntarios en una habitación de diez metros por diez metros, junto con un arma nueve milímetros y nueve balas de plomo, durante nueve horas. En un principio los sujetos se mostraron amigables y dialoguistas. Pasaron algunas horas y los voluntarios permanecían en esa postura simpática pero poco funcional a nuestros intereses científicos, razón por la que pusimos en marcha el plan B, consistente en ingresar al habitáculo 8 chupetines Pop Evolution sabor Blueberry. En pocos segundos, el egoísmo se apoderó de los individuos y el caos se desató: ocurrieron 37 asesinatos (en 28 de ellos intervinieron armas de guerra de grueso calibre), 104 robos a mano armada, 11 secuestros extorsivos (en seis de ellos mediaron artefactos de tortura psicofísica como ser una picana eléctrica, algunos gramos de maíz pisingallo, una sesión de fotos de Luciano Pereyra, una ensalada de rabanitos, un oso hormiguero, etc.), sucedieron 4 casos de zoofilia, 8 Pop Evolution fueron encontrados en zonas rectales pertenecientes a dos sujetos diferentes, 7 personas sobrevivieron.
El cacheo de ingreso fue algo ligero, es cierto. Pero más allá de nuestra cuestionable negligencia, nos siguen pareciendo inexplicables las abultadas cifras que obtuvimos.
Sin dudas debe haber sido un espectáculo digno de ver y de analizar. De hecho habíamos cerrado trato con NatGeo para la venta de los derechos de reproducción en una cifra multimillonaria. Todo esto, claro, si el estúpido director de cámaras no hubiese olvidado oprimir REC al iniciar el experimento.
Lamentamos los asesinatos de quienes participaron oficial y extraoficialmente del Cuadruple nueve, como así también el inexplicable, reciente y cruel homicidio de nuestro distraído director de cámaras.
Un segundo intento de realización del Cuádruple nueve fracasó de antemano, pues uno de los jefes del proyecto sospechaba que el nuevo director de cámaras iba a tener una distracción similar a la que había tenido el finado, y decidió matarlo a golpes de puño, con previos pellizcones de bubis.
Si bien la rigurosidad científica lograda no fue la esperable, se puede inferir, a modo de conclusión provisoria, que los asesinatos abundan porque abundan los motivos. La escasez de jalea de Blueberry, la sobreabundancia de jalea de Blueberry, una actitud poco colaboradora, una actitud en exceso colaboradora, una sopa fría, una sopa caliente, un silencio demasiado prolongado, un silencio demasiado breve, una pregunta estúpida, un pregunta inteligente, son todos móviles potenciales de asesinatos a la espera de la chispa insignificante.

jueves 5 de marzo de 2009

Instrucciones para andar en tren

Por vez primera nos ponemos serios para hablar de uno de los dos temas que conmocionan actualmente a la opinión pública. El primero, todos lo sabemos, es la polémica que se desató a raíz de la remake de la película Toy Story, en la que se puede ver a Woody Allen en el papel de Woody el cowboy, y a Buzz Lightyear en una soberbia actuación como el Señor Cara de papa.
Sin embargo, no es por eso que hemos decidido dejar nuestros daiquiris en la mesada y sentarnos a escribir. El tema que trataremos es seguramente menos polémico que interesante, y fue tal vez por eso mismo que lo seleccionamos. Seguramente ya todos saben que nos referimos, ni más ni menos, a lo difícil que puede resultar en estos días viajar en transporte público. Más precisamente al siempre tedioso viaje en tren.
El viaje en ferrocarril es tan peligroso como necesario. En un país con las venas de acero, como el nuestro, este medio de transporte es uno de los más importantes. Sin embargo, la superpoblación de sus vagones hace que sea también uno de los medios más odiados para el (in)feliz pasajero. He aquí algunos tips para viajar mejor y hacer nuestras jornadas más llevaderas:
1- Evite a toda costa las horas pico. Si eso no fuera posible le recomendamos relajarse y tomarse con soda y disfrutar del viaje. Ignore el olor a chivo y haga de cuenta que no lo están aplastando y robándole la billetera. En caso de no encontrar lugar para subir, diríjase a alguna puerta custodiada por un gordo, quien será el encargado de (a fuerza de empujones) hacer entrar a 3 personas en el mismo espacio en el que antes entraba 1.
2- Si usted es un afortunado que le escapa a las horas de mayor tráfico humano en los vagones y puede elegir un asiento, maneje su elección de la siguiente manera:
2- a. Nunca se siente cerca de las puertas: inválidos y ancianas harán de su viaje una tortura, pidiéndole el asiento cada 2 estaciones.
2- b. Siempre elija un asiento del lado de la ventana. Así evitará que cuando el vagón se llene le quede la panza de algún/a gordo/a a escasos centímetros de su cara, golpeándosela cada vez que alguien empuje a el/la gordo/a en cuestión/a.
2- c. Si pudo cumplir la regla 2- b. siéntese mirando en la misma dirección en la que va el tren. Aunque no se sabe muy bien qué se gana con esto, los especialistas lo recomiendan siempre.
2- d. Lea atentamente la regla 2- e.
2- e. Nunca deje el bolso en los portaequipajes que suele haber encima de los asientos. Son una trampa mortal.
3- Si usted sube a un vagón semi-lleno (en el que hay lugar para moverse, pero no para sentarse) le recomendamos que se quede cerca de las puertas. De esta manera evitará sufrir la concentración de los gases de todos los pasajeros, cuyo epicentro está, justamente, en el centro del vagón. En las zonas aledañas a las puertas el aire corre más y, por lo tanto, el olor se concentra menos.
3- a. Como complemento a la regla 3, trate de evitar situarse cerca de personas con aspecto de sucios o de tirapedos. Por lo contrario, identifique y haga buenas migas con los más limpitos.
3- b. Si usted mismo es uno de los denominados tirapedos le pedimos, le rogamos, que evite a toda costa viajar en tren. Por favor.
4- Si usted está sentado y ve que una señora mayor se ha subido al tren, está claro lo que tiene que hacer. Instantáneamente gira la cabeza y se hace el dormido, dejando caer el cráneo por debajo del cuello hasta la altura del pecho. Por supuesto que, si alguien lo invitara a dejarle el asiento a dicha señora, lo primero que usted debe decir es: “Uy, perdón, no la vi, señora”.
5- En un vagón medio vacío se puede dar espacio a la recreación. Los libros y los sudokus déjelos para los intelectuales, y diviértase con los vendedores ambulantes. Si pasa un heladero, tarde al menos 15 minutos en elegir el gusto (no importa si sólo tiene 2). Si pasa un vendedor de pulseras y/o anillos, pregunte el precio de todos y cada uno de los productos que vende, analizándolos minuciosamente. Si tiene anteojos, el momento de utilizarlos es este. Si pasa un vendedor de libros, lea todas las contratapas una o dos veces y (de ser posible) mire todas las ilustraciones. En ninguno de los casos debe ser realizada con éxito la compra; puede excusarse con motivos como “no, tanto pensar me sacó las ganas” o “no, ahora que lo recuerdo, soy alérgico a la alpaca” o “como vendedor sos un desastre, macho”. Cuidado con esta última.

martes 3 de marzo de 2009

Las figuritas difíciles de las tribus urbanas

No pidas pan se tomó un recreo, y nuestros corresponsales lo aprovecharon para recorrer la ciudad capital. Subte, colectivo, ascensor, tranvía, avioneta, aerosilla: ningún medio de transporte quedó sin ser utilizado y analizado por nuestros enviados especiales.
Cuando los reunimos, nos sorprendió que todos coincidieran en que, en pleno centro porteño, quedaban varias tribus urbanas y especies aun sin descubrir. Nuestro enviado al Sur señaló, como ejemplo de estas tribus, a los fleteros mientras que los enviados al Norte y al Este nombraron solamente a los taxistas. Los del Este, más recatados, se refirieron solamente a los bien llamados colectiveros.
Nótese que si bien dijimos “tribus urbanas” no hemos hecho mención ni a los emos (finalmente se suicidaron todos, iba a pasar) ni a los floggers (ya tuvieron sus 5 minutos de fama). Los que hoy les traemos son especimenes mucho más interesantes, aunque menos mediáticos, ya que generalmente sus pantalones dejan escapar sutiles líneas peludas apenas por debajo de su espalda, cortadas transversalmente por un pasivo cinturón (generalmente, y recemos para que siga así, seguido muy de cerca por un gastado pantalón).
Los fleteros son una raza, de gente por lo general joven, que en los últimos años ha logrado expandirse bastante y que avanzó mucho en el combate por sus derechos gracias a la fundación Feliz el Fletero y a la publicación del libro “Flete y vino en cartón”, de autor anónimo. La característica principal del fletero es la capacidad de girar el cuello en 180º y no chocar. Dicha habilidad es muy utilizada cada vez que una mujer se acerca a más de 3 cuadras a la redonda (siempre y cuando la mujer supere los 2 puntos en una escala de belleza del 1 al 10, no se crean que miran a cualquiera). El fletero suele hablar de fútbol o de autos y, si la situación lo amerita, del clima. Si uno intenta cambiar de tema y hablar, por ejemplo, de la evolución de la literatura grecorromana luego de la caída del imperio bizantino, es muy probable que el sujeto en cuestión choque. O vomite.
Los taxistas suelen ser gente más grande y, por lo tanto, más seria y madura (en serio, eh). Su principal característica es la capacidad de girar el cuello 180º y la utiliza con la misma frecuencia y profesionalismo que el fletero. El defecto saliente del tachero es creerse el dueño de la calle, aunque esto se convierte en virtud cuando es uno el que está en el asiento de atrás. Entre los temas de conversación preferidos por estos sujetos se encuentran: política, religión, deportes varios, “esta juventú está perdida”, la experiencia que tienen, los cambios a través del tiempo (noo, pibe, cuando yo tenía tu edá), y muchos otros. Son enemigos íntimos de los colectiveros y dejarían la vida con tal de cruzar un semáforo antes que ellos.

Colectiveros:
Fuerza: 8
Velocidad: 1512
Habilidad: Girar el cuello 180º, pasar semáforos en rojo
Némesis: Los taxistas
Arma preferida: Bocina
Mejor golpe: Arrancar justo cuando llega uno corriendo a la parada
Los colectiveros son, después de los proctólogos y los vegetarianos, la raza menos querida en el continente (en Europa y Francia ocupan el puesto número 12 y 9, respectivamente). Ellos se lo ganaron con años y años de mala onda: no colaboran cuando un pasajero tiene un problema, no esperan 3 segundos a una mujer que se toma el trabajo de correr el colectivo durante 3 cuadras, no miran a la cara a las personas cuando hablan y gruñen ante cualquier pregunta. Por otra parte, muchos sostienen que los colectivos tienen un solo pedal: el acelerador; el embriague se suprimió cuando los cambios se hicieron automáticos y, aparentemente, el freno fue reemplazado por la bocina.

Este texto fue presentado a la Tribus Argentinas Bastante Urbanas Corporations (TRABUCOS) para que sea estudiado y saquen sus conclusiones. Una vez más, No pidas pan al servicio de la comunidá.